viernes, 7 de marzo de 2014

Vida



Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.
Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!»
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!»
Ahora sé que la nada lo era todo.
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.
               De "Cuaderno de Nueva York" 1998

                              José Hierro

  

lunes, 3 de marzo de 2014

Lo mismo y lo contrario

LO MISMO Y LO CONTRARIO 

Lo contrario de un hombre limpio es el agua sucia. 
Lo contrario del mar es una mujer ciega. 
El que derriba un puente, construye un precipicio. 
Las cicatrices son golpes que no se olvidan. 

Hay verdades sin límite 
y hay cosas que se acaban: 
los ríos son Machado; 
yo te amé a tumba abierta; 
los alacranes brillan a la luz de la luna 
y después son, de nuevo, venenosos y oscuros. 
Es así, tan sencillo. 

Luchar por las cenizas es renunciar al fuego. 
Una palabra dicha es un pájaro que se vuela. 
Tu muerte está debajo de mi piel 
lo mismo que un insecto en un vaso volcado. 

¿Qué más puedo decirte? 
Que yo te amé de norte a sur, 
sin fondo, 
con uñas y con dientes, 
sin secretos, 
sin trampas. 
Que no he querido oír una vez más tu voz, 
ni mirar nuestras fotos, 
ni verte acariciando con tus dedos azules 
a los perros que comen las sombras de tu vida. 

Yo sólo quiero oscuridad y humo. 
Yo he venido a decir que te he olvidado, 
que volveré a olvidarte cada día, 
cada uno de los días de mi vida.

Benjamín Prado

sábado, 1 de marzo de 2014

Sin orificio de salida

Esta mañana, al despertarme, creí que llovía. 
Luego abrí la ventana y no, 
no era lluvia, 
eras tú, 
que te alejabas, 
que ya no volabas, 
que ya no estabas. 
Y ya no pude volver a dormir. 

Yo que siempre pensé 
que besándote te hubiera convencido: 
a ti de quererme, 
a mí de no dispararte, 
pero mil poemas tristes nunca fueron suficientes 
para alguien que desprende primaveras
al abrir las alas, ni siquiera versarte los labios cada mañana, 
ni quitarte el frío de las manos, 
ni cargarte a mi espalda 
mientras me rompo el cuello intentando mirarte 
-si supieras lo que echo de menos mirarte, 
casi tanto 
como a ti-, 
ni ser el preludio de tu música, 
es decir, 
de tu risa, 
no fue suficiente abrirte mi carne 
para que la llenaras de la tuya 
bloqueando cada esquina con el recuerdo de tu cara, 
ni llamarnos de mil maneras diferentes 
con el único propósito 
de ser únicas 
la una para la otra. 

El mundo se dio cuenta 
de que cada vez que venías 
yo adelantaba las manillas del reloj 
para ver si mi futuro llevaba tu nombre, 
de que te robé todos los relojes 
para que así no agotaras tu tiempo conmigo, 
y destrozó mis horas, 
el muy cabrón, 
como quien aplasta lagrimales,
y yo miré suplicante a tus muñecas desnudas, 
a la pared vacía, 
a tus mañanas entre mantas sin horario, 
pero la habitación se llenó 
del jet-lag que sufren mis sueños 
desde que abandonaron tu cama, 
y todos los intentos de sostenernos fueron en vano, 
de repente la vida pesaba demasiado 
y tú eras más grande que la lluvia. 
Y no fue suficiente para mí, 
y tuve que deshacerme de los segundos que dejaban tus minutos. Yo, que te llené de palabras, 
me cansé de que las tuyas solo fueran de ida 
y no pude evitar mirar la última página, 
donde tu pelo ya no estaba. 
Donde mis dedos ya no estaban. 
Y leerte despacio 
para engañar al reloj, 
dejó de funcionar. 
Y silenciar el temblor de mis manos 
para que no te fueras, 
solo hizo más ruido. 

Eres tanto que cualquier cosa que no sea tenerte al final del día 
no resulta suficiente. 
Y eso no es culpa de nadie. 

Así que perdóname por no conseguir 
que fuéramos suficiente. 
Por llenarte el cuerpo de adioses, 
vestir mis dedos de balas 
y dispararte 
-aunque te lleve tan dentro 
que dispararte a ti 
sea como dispararme a mí, 
pero sin orificio de salida-, 
por empujarte hacia el abismo de mis labios 
y suicidarte antes 
de olerte, 
por odiarte un poco 
porque llueve 
y no vas a aparecer, 
porque mi reloj ahora solo me diga 
que es hora de marcharme, 

por sacarte de mis ojos 
para poder dormir, 
por quedarme 
a ver cómo nos ponemos la ropa la una a la otra 
sabiendo que no volveremos a desnudarnos, 
y después irme. 
Perdóname, 
por no encontrar otra manera de salvarme 
que no implicara abandonarte. 

Y aunque esto sea un poema triste más, tienes que saber 
que hacerte el amor fue como empezar una frase, 
y terminarla. 
Abandonarnos ahora 
es dejar inacabado el poema. 


Pero recuérdalo, 
una vez al día 
te cambiaría por toda la poesía.





Elvira Sastre Sanz

lunes, 24 de febrero de 2014


"Ahora que sobrevivo sin tus ojos,
sencillamente porque
no estás aquí para mirarme,
recurro a mis bolsillos
y descubro que guardo en ellos
todaví­a el calor
de alguna de tus manos.”



Pepe Viyuela

sábado, 22 de febrero de 2014

Primavera nueva


Amor,
no voy a volver a sentir la ansiedad
de estar a tu lado sin poder tocarte,
no voy a dejar que te pierdas
ni que dejes de venir,
no quiero que el pasado
sea un desfile de reproches cansados,
de manos atadas a viejas promesas,
de corazones con torniquete.

Yo no puedo quererte a cuentagotas amor,
no se domesticar mis palabras,
soy alérgico a los horarios
y a los abrazos cobardes
pero puedo inventarte cada noche
un cielo nuevo,
apagar las luces,
romper el silencio,
devolvernos la vida en cada suspiro.

Amor,
no quiero que vuelva a nevar
en esta cama,
no quiero arder en la sal de las heridas que silenciamos,
no pienso ocultar
ni un día más nuestra historia.

Si hasta los ciegos nos ven,
los niños del barrio hablan de nosotros
y la pena fue vista esta mañana
huyendo en un vagón
hacia nunca jamás.

Esta nueva primavera no nos engaña,
ahora los domingo huelen a otro perfume
y le he puesto un imperdible
a mi futuro contigo.
             Diego Ojeda

lunes, 3 de febrero de 2014

Mi asesina

Si desestimas mi presencia
pero reconoces la voz de las orillas,
como un vuelo en el ala de la nieve,
te diré desde ese millón de años
que he cumplido:
Serás el amo, el rey y hasta el bufón.
Y mi desnudez ahí, junto al lobo solitario. 
Entre mis pliegues comprenderé
tu nombre de marfil,
tu manera de apurar las miradas,
tu manera de cerrar puertas,
de fumar en las veladas del duelo.

Pero audible otra vez cuando me nombres
en un trance o un desliz,
tu esclavitud apelará
a las cenizas y a las flores,
al paisaje del horror,
del amor para siempre.
Tu esclavitud gritando con sordina.

Y en el baile de la rendición
todo el anhelo,
la delicia de protegerme otra vez
será real. Porque estaremos
aún mojados por la lluvia,
y la unión de tus ojos
y mis ojos
será fatal y perfecta.

LAURA GÓMEZ PALMA

sábado, 25 de enero de 2014

Dime algo que no sepa


Dime algo que no sepa, 

por ejemplo:
que tu tristeza siempre fue una excusa, 
que mis dedos fueron flores subiendo por tu costado,
que me echas de menos y sabes a sal, 
que te destrozó no intentarlo, 
que tu cama es el lugar más frío de esta parte del mundo, 
que llegas tarde a todos los sitios
porque vives en el pasado.



Dime algo que no sepa, 
por ejemplo: 
que no me quieres, 
que eres feliz
o que, de puntillas,
llegas a tocar las nubes de mi cabeza.


                  Elvira Sastre